Mi pueblo tenía una curiosísima particularidad, no se si era por su enorme porcentaje de población de ancianos, o su pequeñísimo porcentaje de población joven, pero el caso es que en mi pueblo no se toleraban las excepciones a las reglas.
A tal punto que mi maestra de segundo grado fue expulsada a insultos de la escuela y del mismísimo pueblo por ser “descubierta” describiendo a un ornitorrinco.
La inscripción de bienvenida al pueblo tiene una leyenda que dice más o menos así:
Rogamos que su visita sea respetando los principios de Nahua-Milén, de no ser así rogamos que de media vuelta y vaya a cualquier otro lugar.
Y debajo del cartel de bienvenida figuraba una lista detallada de cada una de los principios que fueron redactados con el total consentimiento de los Grandes Ancianos logia prestigiosa que solía reunirse en el bar frente a la plazoleta central del pueblo.
Entre ellos recuerdo por ejemplo:
Señor Turista si UD. Es:
Japonés: No haga otra cosa que sacar fotos.
Alemán: Embriáguese.
Porteño: No camine por la vereda, robe lo que pueda y cuéntenos como es que Ud. es mejor que todos nosotros.
Cuando empecé a crecer, comencé a notar que todos mis compañeros del colegio se iban yendo uno por uno del pueblo, junto con sus padres, familias enteras salvo los abuelos, así fue como ir al colegio comenzó a ser un verdadero parto, lo cual es un clásico, pero en mi caso era demasiado, en mi curso éramos un total de ocho alumnos, entre los que estaban uno de primer año, dos de cuarto, dos más y yo en tercero, uno de quinto grado, y uno de preescolar.
La profesora tenía un tremendo trabajo para organizar cada clase para semejante amalgama estudiantil, una vez recuerdo que luego de tomar un café la profesora nos miró fijamente, dio unas cuantas vueltas, se tomo la cabeza y como si gritara Eureka con los ojos se fue del curso por unos minutos volviendo con un dibujo en blanco y negro de una vaca. La directiva fue la siguiente.
-Vos coloreá esto… vos escribí una composición… tema: la vaca… vos y vos van a buscar en el libro de la biblioteca y me escriben mínimo diez renglones sobre la producción ganadera de la región mesopotámica, ustedes tres me hacen una lámina explicativa sobre los derechos de los animales y el consumo de la carne, y por ultimo vos… vos… (Señalándome a mi)… vos a ver que hacemos con vos… ayudalo a él a colorear.-
Rápidamente estudiar se transformó en una excepción a la regla, siendo inmediatamente abolida la escuela, demolida e instalada en su lugar una cancha de bochas.
Con todo el tiempo del mundo y sin amigos me fui transformando poco a poco, cuando recuerdo aquella época me recuerdo siempre en calzoncillos, musculosa y pantuflas, había adoptado una serie de vicios entre los que más recuerdo eran manejar con gran habilidad el escarbadientes, accesorio que se transformó prácticamente en un nuevo miembro de mi rostro, al igual que el cigarrillo detrás de la oreja. También tengo muy latente la facilidad para eliminar constantemente gases que adquirí en aquel entonces, lograba decir oraciones de dos y tres palabras combinando tanto eructos como desgracias, al poco tiempo noté como me comenzó a crecer pelos dentro de la oreja y en la nariz. A su vez con diez y siete años prácticamente no tenía pelo en la cabeza.
A los diez y ocho la humedad me mataba, tenía tres perros que me seguían a donde fuese y le jugaba a diario al
Hasta que a los veinte, en la sala de espera del médico con mi frasco de orina en la mano mientras esperaba temeroso que me llamaran para hacerme el análisis de próstata, alguien se dio cuenta que era el único del pueblo con menos de sesenta años y me echaron de Nahua-Milén.

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